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He fotografiado diferentes versiones de una misma persona que ya no existen

He fotografiado diferentes versiones de una misma persona que ya no existen

Hay clientes que vuelven a mi cámara.

A veces después de dos años.
A veces después de cinco.
Y en algunos casos he tenido la oportunidad de fotografiarlos durante distintas etapas de su vida profesional y personal.

Cuando eso pasa, casi inevitablemente termino viendo las fotografías de sus sesiones anteriores.

Y siempre me sucede algo curioso.

Reconozco perfectamente a la persona de la fotografía.

La mirada.
La sonrisa.
Algún gesto que sigue apareciendo años después.

Pero al mismo tiempo sé que estoy viendo a alguien que, de alguna forma, ya no existe.

No porque haya cambiado demasiado físicamente.

Sino porque la vida pasó en medio.

Y quizás esa sea una de las cosas que más me fascinan de la fotografía de retrato.

No solamente fotografiamos cómo se ve una persona.

También, aunque no siempre lo notemos en ese momento, estamos registrando quién era.

Una misma persona, diferentes momentos

He tenido la oportunidad de fotografiar a Ana Mora en diferentes etapas.

Si colocáramos todas sus fotografías una junto a otra, lo primero que probablemente notaríamos serían los cambios visibles.

Distintos cortes de cabello.

Diferentes estilos de ropa.

Fondos claros, fondos oscuros, fotografías mucho más corporativas y otras con una personalidad completamente distinta.

Retratos formales.

Otros más relajados.

Incluso imágenes mucho más juguetonas.

Pero si solo miráramos esos cambios, estaríamos perdiéndonos lo más interesante.

Porque cada una de esas fotografías también representa una versión diferente de Ana.

Una determinada etapa profesional.

Una forma distinta de presentarse al mundo.

Otros proyectos.

Otras prioridades.

Otra manera de verse a sí misma.

Y eso, para mí, es mucho más interesante que un simple antes y después.

Porque esto no se trata de decidir cuál fotografía es mejor.

La persona de antes no estaba equivocada.

Simplemente estaba viviendo otro momento.

2019 no era peor que 2026. Era otra versión de vos.

Vivimos en una época obsesionada con el concepto del antes y después.

La foto anterior frente a la nueva.

El look anterior frente al actual.

La persona que éramos comparada con la persona en la que nos convertimos.

Y muchas veces, casi sin darnos cuenta, interpretamos la fotografía más reciente como una especie de versión mejorada.

Pero no necesariamente tiene que ser así.

Una fotografía profesional tomada hace varios años pudo haber representado perfectamente quién eras entonces.

Tal vez esa foto estuvo en tu LinkedIn cuando conseguiste un nuevo puesto.

Quizás fue la imagen de tu página web cuando comenzaste un proyecto.

Tal vez te acompañó durante una etapa importante de tu carrera.

O simplemente fue el retrato que en ese momento sentías que realmente se parecía a vos.

Hoy puede que esa imagen ya no te represente.

Y está bien.

Una fotografía puede dejar de representarte sin dejar de formar parte de tu historia.

¿Cuándo deja de representarnos una fotografía profesional?

Una de las preguntas más comunes alrededor de los headshots y la fotografía profesional es cada cuánto deberíamos actualizar nuestra imagen.

Hay razones muy evidentes para hacerlo.

Un cambio importante de apariencia.

Un nuevo puesto.

Un cambio de carrera.

Una nueva empresa.

Una transformación de marca personal.

Pero para mí existe otra señal mucho más interesante.

Cuando ves tu fotografía y pensás:

“Esa persona todavía soy yo… pero ya no soy exactamente yo.”

Eso dice mucho.

Porque nuestra imagen profesional no depende únicamente de que tengamos el mismo cabello, la misma ropa o los mismos anteojos.

También tiene que ver con cómo queremos presentarnos hoy.

Con nuestra personalidad actual.

Con el lugar en el que estamos profesionalmente.

Con la manera en que queremos ser percibidos antes incluso de conocer a alguien en persona.

Por eso actualizar un headshot profesional no significa borrar la fotografía anterior.

Significa crear una imagen que corresponda al momento en el que estás ahora.

La fotografía profesional también habla de identidad

Cuando alguien llega a mi estudio para una sesión de headshots o fotografía de marca personal, muchas veces la razón inicial parece muy sencilla.

“Necesito una foto para LinkedIn.”

“Voy a actualizar mi página web.”

“En la empresa me pidieron una fotografía profesional.”

“Mi foto tiene demasiados años.”

Pero detrás de esa necesidad práctica muchas veces existe algo más.

Un cambio de carrera.

Un emprendimiento.

Una promoción.

Una etapa que termina.

Un proyecto nuevo.

Una nueva versión de la persona que quiere empezar a mostrarse.

Por eso me gusta pensar que un retrato profesional puede hacer algo más que resolver una necesidad de imagen.

También puede convertirse en una especie de marcador en el tiempo.

Esto era lo que estaba construyendo entonces.

Así me presentaba al mundo en ese momento.

Esta era yo.

Cuando un cliente vuelve, yo tampoco soy la misma fotógrafa

Hay otra parte de esta historia que me parece importante.

Cuando un cliente vuelve varios años después, no solamente esa persona ha cambiado.

Yo también.

Mi manera de iluminar ha evolucionado.

Mi forma de dirigir una sesión es diferente.

Observo detalles que quizás hace años no observaba de la misma manera.

He aprendido muchísimo sobre expresión, postura, lenguaje corporal y sobre algo que considero fundamental en un buen retrato profesional: lograr que la persona siga pareciendo ella misma.

Porque no quiero crear una versión artificial de alguien.

Quiero encontrar esa expresión en la que la persona se reconozca.

Por eso tampoco me interesa recrear exactamente la fotografía que hicimos años atrás.

Mi pregunta es otra:

¿Quién tengo frente a mi cámara hoy?

No tenemos una sola versión profesional

Durante mucho tiempo la fotografía corporativa fue bastante rígida.

Traje.

Fondo neutro.

Postura formal.

Una única forma de proyectar profesionalismo.

Hoy nuestra imagen profesional puede ser muchísimo más amplia.

Podemos necesitar un headshot limpio para LinkedIn y, al mismo tiempo, fotografías con más personalidad para nuestra página web o nuestras redes profesionales.

Podemos mostrarnos serios en una imagen y cercanos en otra.

Profesionales y creativos.

Formales y espontáneos.

Una de las cosas que más disfruto cuando trabajo una sesión de headshots o fotografía de marca personal es precisamente descubrir esas pequeñas variaciones.

Porque ninguna persona es una sola fotografía.

Y ninguna marca personal debería sentirse atrapada en una única expresión.

Lo que cambia y lo que permanece

Hay algo especialmente bonito cuando observo fotografías de una misma persona tomadas con varios años de diferencia.

Los cambios son evidentes.

Pero también empiezan a aparecer las constantes.

Una mirada.

Una manera particular de sonreír.

Un gesto.

La forma en que alguien inclina ligeramente la cabeza cuando está cómodo.

Pequeños detalles que siguen ahí incluso cuando todo alrededor ha cambiado.

Quizás por eso fotografiar a alguien a través de los años se vuelve tan especial.

Porque de alguna manera estamos documentando simultáneamente dos cosas:

todo lo que cambia y todo lo que permanece.

Algún día tu fotografía actual también será una fotografía vieja

Esta es una idea que me gusta mucho.

La foto que hoy elegís para LinkedIn.

La que vas a colocar en tu página web.

La que sentís que por fin representa quién sos.

Algún día también será una fotografía antigua.

Tal vez dentro de cinco años la mires y te sorprenda tu corte de cabello.

Quizás para entonces estés haciendo un trabajo completamente distinto.

Hayas construido una empresa.

Hayas cambiado de ciudad.

Tengas otros proyectos.

O simplemente tengas otra forma de verte a vos mismo.

Y posiblemente pienses:

“Así era yo en ese momento.”

Por eso creo que vale la pena fotografiarnos en diferentes etapas de nuestra vida.

No únicamente cuando creemos estar en nuestra mejor versión.

No solamente cuando bajamos de peso, cambiamos el cabello, recibimos un ascenso o sentimos que todo finalmente está en orden.

Porque la vida rara vez funciona así.

Cada etapa tiene algo que contar.

Y cada versión de nosotros merece existir también en fotografías.

Una nueva fotografía no borra la anterior

Cuando hacemos una nueva sesión, no estamos borrando quién fuimos.

Estamos agregando otro capítulo.

La fotografía anterior pertenece a una historia.

La fotografía que hacemos hoy pertenece a otra.

Y quizás dentro de algunos años hagamos una nueva.

Personalmente, pocas cosas me parecen tan especiales como que alguien vuelva frente a mi cámara después de varios años.

Porque significa que tengo la oportunidad de documentar una nueva versión de una persona que ya conozco.

Y, al mismo tiempo, descubrirla nuevamente.

No fotografiamos únicamente cómo nos vemos.

A veces, sin saberlo todavía, estamos guardando evidencia de quiénes fuimos.

¿Tu fotografía profesional todavía representa quién sos hoy?

Si han pasado varios años desde tu último retrato profesional, la pregunta no necesariamente debería ser si físicamente cambiaste.

La pregunta podría ser otra:

¿La persona que aparece en esa fotografía sigue representando quién sos hoy y hacia dónde querés ir?

Si la respuesta es no, probablemente haya llegado el momento de crear una nueva imagen.

No para reemplazar la anterior.

Para documentar la versión que existe ahora.

Karla Cordero Photography
Fotografía profesional, headshots y fotografía de marca personal en Costa Rica.

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